Atrapadas ¿sin salida?

Me niego a seguir demostrando que estoy capacitada para ser incluida en los espacios históricamente reservados para los hombres. Cuánto desgaste nos provoca a las mujeres la eterna prueba a la que somos sometidas (y nos auto sometemos) intentando demostrar que somos capaces de ser parte integral de esta sociedad. Se nos evalúa constantemente, indagando dónde están nuestros talones de Aquiles. Y lo peor de todo, es que es una práctica solapada, porque los discursos políticamente correctos, apuntan a que las mujeres debemos ser incluidas sin excepción. Sin embargo, a la hora de invitar a una mujer para participar concretamente en un alto cargo, se cae en un hondo pozo de excusas para volver a calcular las competencias de la candidata. Como resultado, algunas tendrán la suerte de ser las privilegiadas “elegidas”, seguramente en los cargos directivos del estado, donde se ha incrementado la inclusión  abundantemente, pero quienes opten al mundo privado, seguirán quedando en el camino, como lo indica el escueto 9,4% de participación de mujeres en directorios (IPSA).

Iniciando el 2021, y como observadora del fenómeno mencionado, me llamó la atención un titular que reza “Mujeres en directorios: estudio arroja efecto positivo hacia la alta gerencia, aunque no hay evidencia concluyente sobre su impacto en el desempeño de las compañías”. Publicado en El Mercurio, fruto de la alianza entre la bolsa de comercio de Santiago, el centro de gobierno corporativo de la PUC y desarrollado por varios investigadores, con él, se indica que la incorporación de mujeres en directorios tiene muchas externalidades positivas. Una de ellas, sería el llamado “spillover de género” es decir, “se tiende a beneficiar el alza de otras mujeres a las altas gerencias”. Asimismo, se observa que las mujeres “respetan mayores niveles de responsabilidad y orden, tienen mayor orientación a los detalles, a seguir un horario, un plan de trabajo y mayor afabilidad y aversión al riesgo”, en comparación a los hombres. A pesar de todo ello, se determina que no se encuentra “una relación significativa entre la presencia de las mujeres y el desempeño de las empresas chilenas”. Es decir, somos eficientes, tenemos virtudes que aportan, pero… “diversidad y desempeño no son concluyentes” según lo destaca el titular de la noticia.

Mientras más me informo acerca de estos levantamientos de datos científicamente comprobados, más me doy cuenta de que las mujeres no tenemos oportunidad. La lógica de constatar una y otra vez el valor del aporte femenino a la economía, al desarrollo de las empresas y al mundo se ha convertido en un ¿vicio? O mejor: ¿Por cuánto tiempo más seguirán exigiendo méritos adicionales a las mujeres? La lentitud que se advierte en la incorporación femenina a la alta dirección en Chile da cuenta de una falta de voluntad, y no es extraño suponer que los estudios y sus interpretaciones las cuales evidencian que las mujeres no mejoramos mayormente los desempeños en las organizaciones, puedan ser una buena excusa para que sigamos siendo minoría en un mundo donde los talentos y capacidades femeninas yacen atrapadas y sin salida en una sala de test y medición perpetuos.

La lógica debe ser con urgencia cambiada. Más cuando el impacto diferencial de Covid-19 por sexo anticipa grandes retrocesos en el camino hacia la igualdad de género. Transformemos toda la energía que nos ocupa el intento de “demostrar” por un nuevo razonamiento que nos permita la desobstrucción para encontrar juntos, hombres y mujeres,  el camino a la verdadera inclusión, no solo en la alta dirección, sino que en todos los ámbitos.

Mai-Nie Chang – Empresaria y Coach Ejecutivo.

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